Esta ciudad, que ya tiene casi mil años de antigüedad, se sitúa frente al fiordo de Oslo, un escenario increíble. La ciudad propone al turista una cantidad de atractivos a la vez que la sorpresa y la maravilla por su orden y limpieza.

Foto: www.visitnorway.com/es
En el ranking de índice de desarrollo humano, recientemente publicado por la ONU, Noruega fue elegida como el mejor país para vivir, basándose en distintas variables del desarrollo humano tales como tendencias demográficas, economía y desigualdad, así como educación y salud. Para tener una muestra de lo bien que viven los noruegos, qué mejor que una recorrida por Oslo, su ciudad capital.
Algunos datos sobre Oslo
Oslo fue fundada en el año 1048 por el rey noruego Harald Hardrade. Resultado de un crecimiento descontrolado a lo largo de su historia, Oslo es una de las ciudades más grandes del mundo en cuanto a su área (más de 450 kilómetros cuadrados). En las afueras de la ciudad es posible practicar esquí. En Holmenkollen se lleva a cabo todos los años un campeonato de saltos.
No hay que temer perderse: en Oslo el transporte público es muy eficiente, las indicaciones son claras y siempre hay alguien dispuesto a dar una explicación en claro inglés si hace falta.
Las calles de Oslo
La arteria principal de la ciudad es la av. Karl Johansgate, el nombre de un antiguo rey de Noruega cuyo palacio aún es la residencia oficial de los monarcas noruegos. Esta avenida comunica con los principales edificios de la ciudad: la catedral, el mercado central el Storting (parlamento). Por sus alrededores el viajero encontrará museos y galerías (como la dedicada a la obra del expresionista Edvard Munich, famoso autor de El Grito). En la Galería Nacional –por cierto, de entrada gratuita- pueden apreciarse obras de pintores de gran renombre como Manet, Cézanne, Picasso y Matisse.
A los viajeros interesados en conocer más sobre los vikingos, antepasados de los actuales noruegos, les gustará visitar la exhibición marítima en la isla de Bygdoy, que contiene barcos restaurados con muchas historias que contar. O el Museo Marítimo Noruego, que conserva barcos de distintos períodos de la historia de la navegación.
En cuanto a espacios verdes, vale la pena visitar el Parque Frogner, cruzado por un río y lleno de árboles y flores. Ideal para recorrerlo en bicicleta.
Una de las desventajas de Oslo (si es que tiene alguna) son sus altos precios. Comer en un restaurante de Oslo puede ser muy costoso, por lo que si se va a viajar a oslo es recomendable contratar un paquete con pensión completa. En cuanto a las especialidades culinarias, hay que probar platos con pescado: el Lutefisk, a base de bacalao, o el Laks, delicioso salmón ahumado a la plancha.