Para vivir el tango: milongas y tanguerías
Se llaman milongas a los locales donde se va a bailar el tango. Allí también se ofrecen lecciones de baile a los que no se conforman solamente con disfrutar de un espectáculo sino que quieren participar del mismo. Los movimientos básicos del tango son ocho, pero sus gestos, rituales y combinaciones hacen de esta expresión artística algo único y muy apreciado por los turistas que visitan todo el año la capital argentina. Las milongas conservan elementos de antaño: los peinados con “gomina” para los hombres, los tacos altos para las mujeres, los pañuelos al cuello.
También existen cada vez más locales conocidos como “tanguerías”: ofrecen espectáculos de tango y en muchos casos, las orquestas tocan en vivo. La oferta incluye además del show, una tradicional cena argentina con asado y un vino excelente. La música varía desde los clásicos temas de Carlos Gardel hasta la innovación de músicos modernos como Astor Piazzolla.
Recorrido por la Buenos Aires tanguera
La ciudad de Buenos Aires es un paraíso obligado para todos los bailarines de tango del mundo, pero hay algunas zonas en particular que conservan vivo el espíritu de esta danza. Los barrios de La Boca, San Telmo y Abasto son las zonas tangueras por excelencia. Allí el viajero encontrará pasos temáticos, cafés tradicionales y restaurantes que les permitirán apreciar los sabores locales en todo su esplendor, o ver, en La Boca, a bailarines que danzan con el río como escenario natural a pocos metros de la pintoresca calle Caminito.
San Telmo cuenta con un espacio como El Viejo Almacén, la esquina del tango con más historia. Por su parte, Abasto es el viejo barrio de Gardel. Tiene una calle que lo homenajea, y quienes quieran familiarizarse con la historia del Zorzal Criollo definitivamente deben visitar este vecindario pintoresco y lleno de sorpresas.
Los reductos del tango en la ciudad de Buenos Aires son muchos, exhalan nostalgia, pasión y sensualidad. Definitivamente, el tango es un elemento esencial de la noche porteña.




