por Miguel A. Ortiz / 2 de December de 2009

No hace demasiado tiempo que el pequeño país de Estonia, uno de los de menor tamaño de Europa, formaba parte de ese conglomerado de naciones que se aglutinaban en la URSS, concretamente dos décadas. Durante todo el período que la pequeña nación estuvo dentro de la órbita del régimen soviético, Estonia mantuvo todas las tradiciones [...]

Foto de la web: taringa.net

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No hace demasiado tiempo que el pequeño país de Estonia, uno de los de menor tamaño de Europa, formaba parte de ese conglomerado de naciones que se aglutinaban en la URSS, concretamente dos décadas. Durante todo el período que la pequeña nación estuvo dentro de la órbita del régimen soviético, Estonia mantuvo todas las tradiciones y los planes quinquenales establecidos por los poderes fácticos, que provocó que la tecnología (salvo la dedicada a la carrera espacial y a la Guerra Fría) fuese casi algo desconocido en casi todos los lugares que no tuvieran que ver con Moscú.

No obstante, en estos veinte años que Estonia lleva independizada de la madre Rusia, la tecnología ha invadido prácticamente todas las instancias las capas de la sociedad estonia, sobre todo Tallín. De hecho, los padres pueden consultar las notas de sus hijos a través de Internet o del móvil, desde casi cualquier parte del país, ya que tienen una red wifi que copa el ochenta por ciento del territorio.

Más que Eurovisión

Tallín, es una la ciudades más hermosas de la Europa del Este, de la antigua Europa comunista, aunque lo cierto es que a los españoles nos suena más por ser la capital del país donde se celebró el concurso de Eurovisión en el año 2000. Sin embargo, Tallín se ha convertido en una especie de Nueva Cuba, puesto que para los escandinavos es un lugar donde ir los fines de semana a desfasar todo lo que se puede y más.

A pesar todo, la ciudad de Tallín destila un aire medieval que invade todo. Tanto es así, que un paseo por su calles repleta de callejuelas estrechas y palacios es capaz de trasladarte a la esa época donde mercaderes, hidalgos y campesinos se mezclaban para dar buena cuenta de los productos que llevaban cosechando y fabricando durante todo el año.

Patrimonio de la Humanidad

Tallín fue declarada hace unos años como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Una característica que ha permitido que muchos de los edificios antiguos que dan sabor a la antigua urbe medieval, se hayan restaurado y dotado de ciertos colores pastel que les confieren un aire mucho más cálido y cercano. Lo más visitado de la ciudad es la plaza del Ayuntamiento. Un lugar donde se daban a la par la venta de productos en el mercado o las ejecuciones de los delincuentes o herejes.

Por otra parte, Toompea es el corazón de Tallin. Habitada desde la prehistoria, esta colina próxima al mar fue fortificada y habitada por la nobleza y el clero. Allí están aún su castillo y la iglesia de Toomkirik, la más antigua del país. Aparte del centro histórico, poco hay en Tallin digno de ser destacado: el parque de Kadriorg, cerca del puerto, donde Pedro el Grande hizo construir un Palacio de Verano.

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