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The Falls

August - 17 - 2009 0 Comentarios

La Herradura en invierno

La Herradura en invierno

Tres cascadas conforman esta parte del río que sirve de frontera natural entre el Estado de Nueva York y la provincia canadiense de Ontario. Provincia, la de Ontario, que da nombre al lago donde desemboca el río, al norte de aquel donde nace, el Eire. La ciudad que rodea las cataratas tiene la particularidad de ser binacional: la mitad se encuentra en Estados Unidos, y la otra mitad en Canadá.

Niagara Falls, New York

Situada al oeste del Estado de Nueva York, en el extremo opuesto a la la ciudad que comparte nombre con el estado, la ciudad de Niagara Falls (USA) es un lugar tranquilo y apacible. Con un extenso parque que rodea las cataratas y se integra en el paisaje, un relajante paseo con vistas a las cataratas es la mejor manera de pasar la tarde en la ciudad.

Las cataratas americanas se dividen en dos: las American Falls y las Bridal Veil Falls (cataratas del velo de novia). Las primeras son las más grandes de este lado, aunque sólo reciben el 10% del caudal del río a lo largo de sus 250 metros de cresta. Las Bridal Veil Falls son las más pequeñas de las tres. Situadas en el centro, están separadas de las American por Luna Island (isla Luna) y de las canadienses por Goat Island (isla de la cabra). El poco caudal que se llevan sus 17 metros de cresta posibilita el que se pueda visitar la base de la cascada a pie desde el lado americano.

Niagara Falls, Ontario

Lo más feo que se puede ver en Niagara Falls es el lado candiense. Visto desde el lado americano es una masa de metal y cristal compuesta por hoteles, casinos y centros comerciales. Sin embargo, la visión de las cataratas que nos ofrece el lado canadiense es inequiparable. Comenzando por el hecho de que lo único que vemos en el lado opuesto es una verde explanada con sus árboles, y coronándolo con que desde aquí podemos ver las Horseshoe Falls (Cataratas de la herradura).

Las Horseshoe son el motivo por el que se va a Niágara. El 90% del caudal del río pasa por los 671 metros de cresta que tiene esta cascada. Ver las cataratas desde la cristalera de alguna de las habitaciones de los hoteles Sheraton o Marriott que dan al río es casi una experiencia religiosa, a ciento y pico dólares la noche. Tras ponerse el sol, además, se iluminan con luces de colores provocando reflejos y figuras que hacen las delicias de las parejas americanas que celebran sus lunas de miel en la ciudad.

Es imprescindible, desde cualquiera de los lados, hacer la excursión en el ‘Maid of The Mist’ (Dama de la bruma). Un barco que sale cada quince minutos y que nos lleva debajo mismo de las cataratas, ofreciendo una espectacular visión de los 110.000 metros cúbicos de agua que caen de media cada minuto.

Si tenemos la oportunidad, ir en invierno da una visión completamente distinta de lo que es Niágara. El agua que sale repelida tras la caída se congela alrededor de los márgenes del río, envolviendo farolas, barandillas y todo lo que encuentra a su paso. Confiere a la ciudad un aire que, si conseguimos aguantar más de un minuto a la intemperie, nos da la sensación de estar en un cuento de hadas.