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Imagen obtenida en http://www.namibiatourism.com.na/spanish/index.php

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En Namibia es imprescindible ir al desierto, uno de los más espectaculares del mundo, con sus enormes dunas entre las que destaca la denominada Duna 45, desde donde se puede disfrutar del amanecer más intenso del mundo, cuando el sol tiñe de rojo las arenas del desierto.

De rally por el desierto

Antes de que empieza a hacer demasiado calor, se pueden alquilar quads para soltar adrenalina subiendo y bajando dunas o aprender un nuevo deporte, el sandboard, que consiste en deslizarse por las dunas a modo de surfero sobre una tabla de madera.

En la costa Namibia se unen el Océano Atlántico y el desierto dando lugar a la llamada Skeleton Coast, que debe su nombre a la multitud de ‘esqueletos’ de barcos encallados en la orilla, naufragados a causa de las rocas y la niebla.

En estas tierras inhóspitas, se pueden visitar las ‘ciudades fantasma’ de Pomona y Elizabeth Bay, antiguos enclaves cuyas casas fueron abandonadas hasta quedar completamente cubiertas por las arenas del desierto.

Swakopmund, parada obligatoria

Tampoco debe perderse el Cañón River Fish, una hendidura natural de más de 150 kilómetros de largo y 27 de ancho, con barrancos de hasta 550 metros de profundidad. Si le gusta andar, éste es el lugar perfecto para caminar entre las rocas y admirar la resistencia de una vegetación capaz de sobrevivir en una de las zonas más áridas del planeta.

Todos estos parajes se pueden visitar contratando excursiones organizadas que garantizan la estancia en pequeñas casas rurales equipadas con todo lujo de detalles: desde duchas en el desierto hasta pequeñas piscinas, pasando por sofisticados hornos y equipos de aire acondicionado.

La herencia alemana

La mayoría de estos tours parten desde Windhoek, la capital del país, una ciudad que recuerda al período en que Namibia fue colonia alemana y en la que destacan el Parlamento y las iglesias luteranas.

Otra opción muy recomendable es realizar el recorrido de forma autónoma, en un todoterreno equipado con tienda de campaña y, por supuesto, dispositivo de localización vía satélite –para evitar sorpresas cuando nos encontremos a más de 300 kilómetros del pueblo más cercano-.