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Imagen obtenida de http://www.kzn.org.za/index.php?districthome+22

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Es el Drakensberg, las montañas del dragón en el lenguaje afrikaans, un paraíso para todo el que disfrute con las rutas a pie o a caballo por la montaña; un lugar lleno de cascadas, riachuelos, inmensas y verdes laderas alfombradas y frondosos árboles.

Arte e historia en estado puro

La cordillera se divide en tres zonas, la norte, la sur y la central, siendo esta última la que más tiene que ofrecer. Aquí se encuentra el Giant´s Castle Park, un parque natural al que no se puede acceder en coche y en el que se pueden observar multitud de aves y de elands, un antílope típico de la zona.

En el mismo parque se hallan las Cuevas Principales (Main Caves), donde se encuentran hasta 500 pinturas prehistóricas, recuerdo de un tiempo en el que los san, también llamados bosquimanos y prácticamente desparecidos en la actualidad, campaban a sus anchas por el sur de África.

Se pueden hacer decenas de rutas, pero una de las más recomendables es la de la Garganta del Arco Iris, un recorrido circular de 11 kilómetros siguiendo el curso del río Ndumeni, en el que el paseante encontrará piscinas naturales, rápidos y cascadas. La otra opción es la que lleva al Cathedral Peak, unas nueve horas que bien merecerán la pena cuando descubra las vistas desde lo alto de la cima.

En la parte norte, la más cercana a Johannesburgo, se encuentra el llamado Anfiteatro, una escarpada roca de cinco kilómetros que, cosas de la Naturaleza, ha tomado la forma de este edificio. Impresionante espectáculo, reproducido hasta la saciedad en libros y postales de la zona.

Alojamiento en armonía con el entorno

Lo mejor de todo es que los albergues y hoteles de la zona han sabido integrarse en el entorno de tal modo que la estancia en cualquiera de ellos es una parte más de este continuo disfrute de la Naturaleza. Muchos de estos alojamientos ofrecen al turista la posibilidad de dormir en pequeñas cabañas, de dos a cuatro personas, construidas a imagen y semejanza de las tradicionales, con sus techumbres de paja y formas redondeadas, pero con las máximas comodidades.

Casi todos estos alojamientos ofrecen comidas, y probablemente será su mejor oportunidad para saborear platos tradicionales como el pap (un tipo de maíz). Se trata de una zona muy poco poblada y con aldeas desperdigadas, por lo que no abundan los restaurantes, así que la otra opción es llevar comida en el petate. Cocinarla no será problema, ya que la mayoría de establecimientos ponen a disposición del cliente sus cocinas y, aun en el caso de que no la tuvieran, no se preocupe, vaya donde vaya, en Sudáfrica siempre encontrará una barbacoa disponible.