
Interior de una gruta en las cataratas Trümmelbah (Suiza)
10 caídas de agua imponentes
A las cataratas se accede pagando una entrada bastante modesta para lo que son los precios en Suiza. Una vez dentro, se puede subir en funicular hasta la parte más alta y descender a pie o hacer todo el trayecto andando. El sonido ensordecedor del agua blanquecina resuena en las grutas excavadas en años y años de erosión. Los glaciares de los montes Eiger, Mönch y Jüngfrau depositan aquí las aguas del deshielo durante todo el año.
Un total de 10 cataratas conforman este increíble espectáculo natural. La fuerza del agua contrasta de manera excepcional con la tranquilidad que transmite la vista de estos glaciares desde la distancia. Las aguas que acarician la roca con una violencia sorprendente desembocan en un riachuelo donde predomina el color blanco, debido a los restos minerales que arrastra desde lo alto de la montaña.
Espectáculo sin igual
Cuando accedemos a las grutas no sólo nos invade el ruido. La temperatura desciende sensiblemente y las gotas quedan suspendidas humedeciendo hasta los huesos del visitante. Todo ello contribuye a que el ambiente que se vive en el interior de las cataratas Trümmelbach sea inigualable. Los aficionados a la fotografía tendrán que ir preparados con alguna protección para su cámara, pues la humedad lo envuelve todo; y no es cuestión de contemplar este espectáculo único sin echar una sola foto.
Según vamos descendiendo de las cascadas más altas, se nos descubre majestuosa la vista del valle de Lauterbrunnen, con sus paredes verticales de roca. La calma que se respira en todo el valle, donde parece que el tiempo se ha detenido, nos devuelve a la realidad.



