
El volcán Teneguía entró en erupción en 1971
La Palma tiene unas condiciones geológicas únicas en el mundo. En un trozo de tierra relativamente pequeño se concentran varias formaciones de gran interés. El punto más alto (Roque de los Muchachos) se encuentra a casi 2.500 metros de altura, lo que hace que el perfil de la isla sea muy escarpado y casi vertical.
La Caldera de Taburiente y los volcanes
En el centro de La Palma se encuentra el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Este irrepetible lugar comprende un enorme cráter rodeado de afilados picos que le dotan de unas condiciones climáticas y naturales únicas. El verde casi perenne bebe de los innumerables riachuelos y manantiales de la zona. Vigilando la Caldera, el Roque de los Muchachos con su observatorio espacial, uno de los más prestigiosos del mundo por la calidad del cielo palmero.
Al sur de la isla, en el municipio de Fuencaliente, el viajero puede recorrer la llamada “Ruta de los volcanes”. Allí podrá presenciar el Teneguía, el último en entrar en erupción (1971) y otros cráteres alineados como esperando a su momento. El marrón de la tierra contrasta fuertemente con el verdor deslumbrante que nos encontramos sólo unos pocos kilómetros más al norte.
Por si esto fuera poco…
Por si lo anteriormente mencionado fuera poco (que no lo es en absoluto), aún quedan muchos rincones de La Palma que descubrir. Lo llamativo es que esta isla es relativamente desconocida en el resto de España, siempre a la sombra de Tenerife, Gran Canaria o Lanzarote, y realmente no tiene nada que envidiar a ninguna. La Palma tiene lo mejor de todas ellas: bosque, playa, volcanes y mucha tranquilidad.
Los cultivos de plátano dominan el paisaje de la isla y son la primera postal que el viajero tiene cuando aterriza en el cuco aeropuerto de Santa Cruz (su capital). Santa Cruz es una ciudad muy pintoresca, con su malecón, sus casitas de arquitectura colonial encaladas y sus iglesias blancas con grandes ventanas. Si nos llevaran allí con una venda en los ojos, más de uno pensaría que se encuentra en Cuba de no ser porque enfrente se levanta el imponente Teide, siempre vigilante.



