
Anfiteatro de Djem
Túnez es una ciudad de contrastes. El norte prácticamente está occidentalizado y el sur destaca por sus casitas bajas, su aire rural y su gente vestida con túnicas, velos y ropajes tradicionales. El sur , está cruzado por parte del Sahara septentrional. El desierto es impresionante, infinito y salpicado de dunas de finísima arena. De hecho, el 40% de esta nación es este desierto.
Túnez es el país más pequeño del magreb, está situado entre parte de la cordillera Atlas y el Mediterráneo. En este territorio floreció la gran Cartago por parte de los Tirios del siglo VIII a.C. Durante las Guerras Púnicas del siglo II a.C fue derrotada y el territorio pasó a pertenecer al imperio romano. Sucesivamente fue dominado por vándalos, recuperado por el Imperio Bizantino y gobernado por Almohades y bereberes. En 1574 lo gobernó el Imperio Otomano. Francia lo declaró protectorado en 1881. Durante la Segunda Guerra Mundial fue invadido por el ejército nazi pero tras la guerra, Francia volvió a tomar el control hasta 1956 donde el territorio obtuvo su independencia.
Debido a su historia Túnez tiene muchas influencias culturales que se notan en cada uno de sus monumentos. Destacar el Anfiteatro del Djem, perteneciente a la época romana, es el mayor anfiteatro romano de África y el cuarto del mundo, siguiendo al primero que es el Coliseo de Roma.
Paseo en Jeep
Para ir por el desierto, lo mejor es hacerlo con un jeep para recorrer el océano de arena que se extiende a lo largo del territorio. También es posible hacer paseos en dromedario. Para llegar hay que dirigirse al sur. Las carreteras asfaltadas son muy pocas y la manera de conducir de los tunecinos también es muy peculiar. Además si pasamos por la ciudad de Douz, podremos contemplar el gran lago salado de Chott Jeriz. Si estamos atentos al andar sobre la fina arena, quizá el desierto nos recompense con una pequeña joya conocida como ‘La rosa del desierto’. Se trata de un mineral formado sobre arenas desérticas por yeso, agua y arena cristalizadas por la acción del calor y la evaporación sobre la roca caliza, la arcilla y la sal.
El desierto esconde otra sorpresa para todos los amantes del cine de Ciencia Ficción y se trata del decorado del planeta Tatooine que George Lucas construyó para la película de Star Wars. Una gran duna separa la ciudad-decorado compuesta de cartón piedra y madera, una vez superada, el visitante puede pasear por cada uno de los edificios sintiéndose como un auténtico ‘jedi’ en algún planeta muy muy lejano.
Los tesoros culturales
Debido a las múltiples influencias históricas, Túnez posee gran variedad de mezquitas que merecen la pena ser visitadas. A pesar de qué si el visitante no es musulmán no tiene permitido acceder al interior, sí que puede admirar su fachada y sus relieves. Las más significativas son: la Gran Mezquita de Sousse, la Mezquita Real de Cartago, el palacio Dar Hussein, la mezquita Ez-Zitouna y la mezquita de Monastir.
La comida es muy especiada pero deliciosa y casi siempre acompañada de cus-cus , semola de cereales típica de la zona. Además es imprescindible terminar la comida con un delicioso té a la menta. Finalmente pasear por los zocos, presentes en casi todas las ciudades de Túnez, permite al viajero obtener artículos y productos tradicionales a buen precio, siempre y cuando tengan un manejo fluido del regateo.



