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Desde 1517, fecha en la que inicia el histórico periplo de los conquistadores españoles (véase Hernán Cortés, Pizarro…), la arquitectura colonial pueblas los nuevos territorios amerindios, sin que nadie pueda hacer nada en su contra. Las ideas, las costumbres, los ritos y las enfermedades del viejo mundo se extienden por el Nuevo Mundo como un reguero de pólvora. Ejemplos, de estas edificaciones hay muchos, pero hay uno que conserva todo el encanto del aquella época, Antigua Guatemala.
Corazón de Panchoy
La ciudad de Antigua fue fundada en 1543, con el nada despreciable nombre de Santiago de los Caballeros, en el corazón del Valle de Panchoy, en territorio Iximche (el nativo guatemalteco). Además. Se estableció como capital del reino de Guatemala, que por aquel entonces, ocupaba un vasto territorio, Méjico y Colombia, incluidos. La ciudad, conservó su capitalía hasta que un terremoto obligó a sus habitantes a trasladar la ciudad a otro lugar, un tanto más seguro. No obstante, Antigua fue reconstruida y repoblada y hoy se ha convertido en todo un símbolo, un ejemplo de la arquitectura colonial española, con sus casas de planta baja y sus grandes, extensos y excelsos patios.
Por otra parte, Antigua, puede considerarse el paradigma de la ciudad religiosa. Como en la mayoría de las ciudades coloniales, no faltan las iglesias, los conventos y los monasterios. Hay que recordar que la colonización, fue también una evangelización. Es por ello, que sus ‘santuarios’ son el elemento más llamativo y turístico de esta ciudad. Destacan, la catedral, aunque más aún lo hace, la Antigua Universidad de San Carlos y la Iglesia de la Merced claro ejemplo de estilo churrigerista.
Pedro de Betancourt
Es sin duda, el personaje que mejor define el interés turístico de la ciudad y uno de los responsables de la conciencia de la población. Pedro de Betancourt, es conocido por sus milagros y por su canonización por parte del Vaticano (Juan Pablo II) en 2002. En vida fue un acérrimo seguidor de la vida de Jesús. Durante su existencia, como en la de su señor, imperó la humildad y la ayuda a los más desfavorecidos. Con su muerte, su tumba se ha convertido en el reclamo turístico más importante de Antigua.
Del mismo modo, hay que reseñar de la ciudad que dado el grado de catolicismo que se respira en ella, la mejor época del año para visitarla no es otra que Semana Santa. Las suntuosas procesiones, son impresionantes. Al igual que los pasillos de flores por lo que transitan. Todo un lujo para la vista y una experiencia para los sentidos que se completa con la transformación de sus calles en un teatro.



