
Imagen obtenida en http://www.descubremarruecos.com/default.aspx
Con una de las Medinas -nombre con el que se conoce al casco antiguo de las ciudades árabes- más grandes y más antiguas de Marruecos (hay quienes se atreven a cifrar sus calles en más de 9.000), visitar Fez es como trasladarse a otro tiempo, incluso a otro espacio, más típico de los cuentos de Las Mil y Una noches que de la realidad.
Al casco antiguo se accede a través de alguna de las puertas de la ciudad y, una vez dentro, resulta muy complicado escapar nuevamente al exterior. Las laberínticas y estrechas calles, en las que el sol no llega más que a determinadas horas, complican la orientación y hacen que se pierda hasta el sentido del tiempo.
El barrio de los curtidores
La imagen de las grandes pozas en las que se tinta el cuero, con sus vivos colores, forma ya parte de la iconografía de la ciudad y no hay visitante que salga de ella sin la foto o postal correspondiente.
Preguntando o guiándonos por nuestro olfato, no nos resultará difícil llegar al barrio de los curtidores, donde hombres y mujeres de todas las edades se dedican a dar color al cuero sumergiéndolo en las enormes pozas de tinte.
El proceso es laborioso y requiere fuerza, pues no sólo consiste en teñir las pieles, antes hay que limpiarlas –generalmente con cal–, dar elasticidad al cuero y finalmente proporcionarle otros cuidados para que tome su forma definitiva.
Para esta labor se utilizan diversos compuestos químicos -antes eran tintes vegetales o excrementos de paloma-, lo que produce el característico mal olor de las tiñerías. Tanto es así que, cuentan en Fez, quienes se dedican al curtido de la piel terminan emparejándose sólo entre ellos, debido al mal olor que se queda impregnado en el cuerpo.
Sea cierto o sólo una leyenda, la verdad es que el hedor es ciertamente apreciable, por lo que en los alrededores del barrio hay quienes ‘regalan’ -a cambio de una moneda, por supuesto- ramilletes de hierbabuena.
La mejor manera de observar el barrio de los curtidores es desde alguno de los balcones cercanos, los cuales ofrecen una vista panorámica de las pozas, pero a los que sólo podremos acceder pasando primero por las tiendas, en las que encontraremos desde bolsos a puffs, pasando por cazadoras y las típicas babuchas. Aunque no queramos comprar, debemos pasear y observar el género, pues probablemente será el cuero más auténtico que veamos en nuestras vidas.
Extramuros
Fuera ya de la Medina, es obligatorio visitar el barrio judío y el Palacio Real, en la Djedid (la parte nueva). El Palacio sorprende por sus inmensas puertas doradas y la plaza alargada por la que pasean los habitantes de Fez el fin de semana. Muy cerca, destacan las casas del barrio judío, llamado el Mellah, que rompen totalmente con el estilo de la ciudad, y en el que se pueden visitar innumerables joyerías.
Al atardecer, cuando el bullicio decrece, los artesanos acaban su labor y los vendedores empiezan a recoger el bazar, Fez se transforma en una nueva ciudad, esta vez silenciosa y tranquila, al son de la llamada a la oración, repicando al unísono desde todas las mezquitas de la ciudad.



