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Interior de la Mezquita Azul o de Sultanahmed

Interior de la Mezquita Azul o de Sultanahmed

El carácter cortesano de la ciudad, así como el hecho de haber sido punto de confluencia entre varias religiones hacen de Estambul una delicia para todos aquellos amantes del arte y las construcciones pintorescas.

Estambul religiosa

Frente a frente, como desafiándose en su monumentalidad, Santa Sofía y la Mezquita Azul compiten en impresionar a los visitantes. La primera es un desafío a la gravedad. Quince siglos (y unos cuantos terremotos que han hecho estragos en su estructura) contemplan esta antigua iglesia bizantina, después convertida en mezquita, y hoy aprovechada como museo. Un complejo de andamios afean las fotografías desde el interior, pero la visita es imprescindible. Los restos de mosaicos bizantinos son los más famosos de Estambul.

La Mezquita Azul es de las pocas en el mundo con seis minaretes (uno menos que la de La Meca). Ahmed I mandó construir esta maravilla, último gran exponente de la arquitectura bizantina, heredada por los otomanos. El interior es sobrecogedor, con unas decoraciones que no escatiman en detalles y en belleza. Vale la pena acercarse un viernes para contemplar el trasiego de gentes en este día sagrado para la oración, aunque durante el rezo no podréis acceder al templo. No es la más grande de Estambul (honor que corresponde a la de Soleimán, donde por cierto está enterrado el gran emperador otomano).

Estambul artística

Existen dos principales complejos palaciegos en Estambul aunque su visita no es tan recomendable como las mencionadas anteriormente. Se trata de los palacios de Topkapi y Dolmabahçe. Si no os atrae el arte barroco y lo sobrecargado, ya os advertimos que estas visitas no son para vosotros. Del primero destaca el harén, cuya entrada se paga aparte, aunque lo más atractivo de ambos palacios es su emplazamiento envidiable.

La tarea de reseñar todos los monumentos de esta increíble ciudad podría llevarnos siglos. Sin embargo, no podemos pasar por alto la torre y el puente Gálata. Este último une el barrio del mismo nombre (de arquitectura francesa) con el resto de la zona europea y los pescadores que pueblan sus márgenes ya se han convertido en un símbolo de la ciudad. La Torre Gálata era un antiguo faro para los barcos que cruzaban el Bósforo y hoy domina imponente esta irrepetible ciudad.

Éstos son sólo algunos de los monumentos más reseñables de Estambul, pero hay otros tan recomendables o más, como la iglesia de San Salvador de Chora, con los mosaicos bizantinos mejor consevados de Turquía; el Gran Bazar, con sus laberínticas calles; o el Puente del Bósforo, de más de un kilómetro de largo.