Cuando hablamos de Escocia se nos vienen a la cabeza, sobre todo, el whisky, las faldas escocesas de cuadros, las gaitas, los pubs y el Monstruo del Lago Ness. Pero cada vez más turistas se decantan por el viaje a este país lleno de encantos.

Un gaitero escocés (っ)
Sin duda, los paisajes escoceses son una de las características más curiosas del país. Sus contrastes entre montes del sur y las tierras escarpadas del norte hacen que no quieras perderte ninguna zona del país.
Escocia está salpicada de castillos y abadías de las que en algunos casos sólo quedan los restos. Las abadías del sur de Edimburgo, los castillos del Lothian, el castillo de Caerlaverock, el de Threave (al que se llega tocando una campana para que un barquero te lleve y vaya a recogerte) y las ruinas del castillo y la abadía de Saint Andrews.
Edimburgo, historia en la capital
Durante sus dos mil años de historia, Edimburgo se ha convertido en la ciudad de los festivales. Además, sus paisajes permiten a los más deportistas hacer excursiones, ya sea a pie o en bicicleta.
Su casco antiguo data de la época de finales del siglo XVII. El edificio más visitado de Escocia es el Castillo de Edimburgo, al comienzo de la Royal Mile. Si seguimos esa calle, damos con el Palacio de Holyrood. De estilo barroco, se construyó para ser residencia para la reina. Actualmente, la familia real lo utiliza para las ceremonias y el entretenimiento oficial.
También en la Royal Mile se encuentra el Nuevo Parlamento escocés, del que se sienten muy orgullosos. Diseñado por el arquitecto español Enric Miralles, abrió sus puertas en 2004. Se trata de un conjunto de edificios que se funden con el parque adyacente. Por su parte, si lo que queremos es playa, podemos ir a la de Portobello.
Glasgow, modernidad y cultura
Si Edimburgo es la ciudad tradicionalmente histórica, Glasgow es la moderna. La arquitectura, las compras y la cultura tienen cabida en esta ciudad. Hacia el sur de la ciudad encontramos el Valle del Clyde, con pueblecitos entre los que destaca New Lanark, declarada Patrimonio de la Humanidad.
Esta es la ciudad en la que el arquitecto Mackintosh construyó más edificios art-nouveau. Entre ellos está la Escuela de Arte Dramático, y The Willows Tea Rooms, unas casas de té reconstruidas a principios de los 80. Las construyó por encargo, y hay varias.
Para poder ver las mejores vistas de la ciudad puedes recurrir a la torre del Lighthouse. Además, allí está el centro dedicado a la arquitectura y el diseño, tanto escocés como internacional.
Y para ver un espectáculo hooligan, no te pierdas el enfrentamiento Celtic-Rangers, católicos contra protestantes. Aunque es difícil conseguir entradas.