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La corona forestal con su verde permanente y el Teide al fondo

La corona forestal con su verde permanente y el Teide al fondo

La isla de Tenerife está dividida en dos partes diferenciadas, separadas por el imponente pico del Teide, que con 3.718 es el punto más alto de España. Se puede llegar hasta el cráter caminando, previa solicitud de un permiso en Santa Cruz. Contemplar el amanecer desde el pico del Teide es uno de los espectáculos que no se olvidan.

Cara norte

La cara norte del volcán se yergue como una pared inmensa sobre toda la costa septentrional de la isla. Existe una carretera que va desde La Esperanza hasta el Parque Nacional del Teide, con una serie de miradores a cual más espectacular. A medida que se va ascendiendo, la corona forestal, que tiñe de verde todo el año esta parte de la isla, deja paso al paisaje lunar donde la vegetación endémica se limita a pocos arbustos y matorrales.

Lo bueno de este trayecto es que haga el tiempo que haga las vistas son igualmente sobrecogedoras. Si el día está claro, el viajero puede contemplar sin ningún problema Gran Canaria y La Palma. Cuando las nubes aparecen y ya nos encontramos a una altitud considerable, podemos contemplar uno de los espectáculos más auténticos de la isla: el mar de nubes.

Pueblos con encanto

A diferencia de los pueblos del sur de la isla atestados de macrocomplejos hoteleros, el norte cuenta con municipios de arquitectura tradicional que han protagonizado la historia de Tenerife. San Cristóbal de La Laguna es la sede de la única universidad chicharrera, lo que la convierte en el centro neurálgico de la vida nocturna en el norte de la isla. Además, su casco histórico es Patrimonio de la Humanidad por sus construcciones coloniales.

En la costa norte, pasando El Puerto de la Cruz con su Lago Martiánez, obra del arquitecto César Manrique, nos encontramos con la antigua capital de Tenerife: La Orotava. Este municipio le da nombre al valle que desciende desde el omnipresente Teide y es la ciudad más señorial de la isla. Sus casas datan de la llegada de los primeros castellanos y son un ensayo de la arquitectura que se llevó a América. En Icod de los Vinos se encuentra el famoso drago milenario, uno de los iconos de Tenerife.

En otra ocasión hablaremos de las playas de arena negra y de los acantilados que afilan el perfil de esta encantadora isla.