
En Egipcio, Abu Simbel, significa 'Montaña Pura'
O al menos eso dice la leyenda…. y los curtidos guías que acompañan al turista en su periplo por estas tierras nubias, a 50 kilómetros de Sudán y en medio del desierto. Entre carreteras salpicadas de adelfas, jardines, casitas casi de muñecas de colores cálidos, techos abovedados y suelos de arena, gente amable, alta, de ojos claros y tez oscura, como corresponde a la ancestral civilización nubia, de origen agrario y comercial.
Luces y sombras pese al traslado
De vuelta al templo, lo más asombroso es que el fenómeno de las luces y las sombras se siga manteniendo hoy en día, pese a que el edificio fue totalmente trasladado de su lugar original, roca a roca, tras la construcción de la Presa de Asuán en los años 60. El objetivo era que no quedase anegado bajo las aguas del lago Nasser, por lo que se movió 200 metros de la orilla.
El desplazamiento retrasó el milagro un día: al 21 de febrero y octubre. ¿Por qué esas fechas? Según los historiadores, porque es cuando Ramsés II nació y accedió al trono. El dato lo tuvo en cuenta el personal que se ocupó del traslado durante cuatro años. El esfuerzo fue sobrehumano, ya que tuvieron que cortar el templo bloque a bloque, transportarlo y recolocarlo igual que antes, incluida la cabeza caída de una de las estatuas de la fachada.
Pavor al faraón
Hasta tal punto temían a Ramsés II sus súbditos que nunca le dijeron que la testa se había desprendido del cuerpo apenas unos años después de su inauguración. Pero esto era el sur, el más allá… y el faraón nunca volvería a poner un pie allí. De vuelta al siglo XX, los arqueólogos y demás expertos también debieron reproducir el entorno del templo, para lo que incluso crearon una montaña artificial que emulara al anterior emplazamiento. No en vano, el significado de Abu Simbel no es otro que montaña pura.
Pero el templo de Ramsés II no estaba solo… A su lado, impertérrito, se sitúa el que dedicó a una de sus muchas mujeres, Nefertari. Más pequeño, sí, pero igual de impactante, con sus estampas de la reina honrando a los dioses y las seis estatuas de la fachada examinando al intruso. Y hubo que moverlo también…aunque esa, es otra historia.



