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Vista de Coimbra desde el Mondego

Vista de Coimbra desde el Mondego

La que fue primera capital de Portugal, hoy es la tercera ciudad más grande del país. Esos aires de capital antigua son los que aportan algo especial que coexiste en ella con el ambiente universitario y la piedra que puebla sus calles.

Su situación es ya privilegiada de por sí. Situada entre Lisboa y Oporto, a poca distancia de ambas, su visita se hace indispensable en un viaje a lo largo de Portugal. Coimbra se convierte en el espacio perfecto para descansar y admirar una ciudad con un encanto especial.

Influencias de la Universidad

Desde el año 1290, la Universidad es uno de los pilares de la ciudad. Sus edificios son, en muchos casos, obras de arte de por sí. Situada en la Parte Alta de la ciudad, nos presenta un mirador desde el que tenemos una perfecta panorámica de Coimbra y del río que la baña, el Mondego.

Además de la institución en sí, por la relevancia cultural que le da a la ciudad, también recibe de ella la presencia de estudiantes, creando un ambiente juvenil y de movimiento continuo que hace revivir sus calles en las horas más inhóspitas. Una prueba del paso de los estudiantes por Coimbra son sus “repúblicas”, residencias subvencionadas para estudiantes que tienen vigencia desde la Edad Media. En un régimen similar al de la autogestión y con imagen de casas okupas, las “repúblicas” aceptan a sus miembros por aprobación de todos los que viven en ella y son conocidas por las fiestas que suelen organizar.

En esta Parte Alta también podemos encontrar las dos catedrales de la ciudad; la vieja y la nueva. La primera, románica y rodeada de jardines y fuentes. La segunda, que se sustituyó a la vieja en 1772. Las cuestas y las calles empinadas son una constante, y a través de ellas llegamos descendiendo hasta la Parte Baja. Como frontera imaginaria entre ambas está el arco de Almedina, de influencia árabe.

La Parte Baja, a los pies del río

Si la Parte Alta tenía más elementos históricos en su paisaje, la Baja nos lleva hasta las orillas del río. Es una zona más dedicada al comercio y más movida, pero no pierde ni un ápice del encanto que engloba la ciudad por completo. Precisamente, la presencia del río es uno de los detalles que más destaca de Coimbra, suspendida en el aire, elevada sobre el Mondego, la vida de la ciudad gira, en muchas ocasiones, en torno al río.

Ese es el lugar perfecto para descansar y dejarse perder unas horas probando un buen vino portugués, pasear entre las tiendas que pueblan las calles o encontrar la salida del laberinto en el que a veces se convierten sus grutas angostas.

Portugal en miniatura

Uno de los detalles curiosos de Coimbra es su “Cidade dos pequeninos”, una reproducción de un Portugal en miniatura. Un parque temático dedicado a los niños que reproduce casas tradicionales, los monumentos más típicos y una representación de los países de habla portuguesa, como Brasil.