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Turismo Sudáfrica. Foto obtenida de www.southafrica.net

Turismo Sudáfrica. Foto obtenida de www.southafrica.net

Completamente distinta al resto de ciudades de Sudáfrica, Ciudad del Cabo y sus alrededores son parada obligada para todo aquél que se acerque a este bello país. Una ciudad no demasiado grande en la que la mayoría de sitios pueden visitarse a pie y que cuenta con el atractivo de sus playas, que se extienden a norte y sur de la ciudad.

Lo más habitual es que, nada más llegar, los turistas se dirijan al Waterfront, el puerto, en el que hay todo tipo de restaurantes y tiendas de recuerdos. Se trata de uno de los lugares más adecuados para dar un paseo y contemplar danzas africanas, malabaristas y magos.

Además, el Waterfront es el lugar desde el que parte el ferry que lleva a Robben Island, la famosa isla-prisión en la que Nelson Mandela pasó 27 años de su vida y que ahora ha sido reconvertida en museo y en parte destacada de la memoria histórica contra el apartheid.

Múltiples actividades

También en el puerto, el visitante se topará con comerciantes que ofrecen excursiones y paquetes de actividades. El más típico es el que ofrece inmersiones en un mar plagado de tiburones blancos. Se trata de una actividad segura, pero conviene adelantar que su realización depende del estado de la mar, muy inestable en esta zona.

Otra visita obligatoria es la del Cabo de Buena Esperanza, bautizado de esta forma por los marineros portugueses que rodeaban África en dirección a los países árabes. Es muy recomendable alquilar un coche para poder pararse a admirar el paisaje siempre que uno lo desee. Desde Ciudad del Cabo, son unas dos horas de viaje durante las que se atraviesa Simon´s Town, un hermoso lugar en el que disfrutar de los pequeños pingüinos africanos.

El Cabo de Buena Esperanza forma parte de un extenso parque natural al que puede acceder por unos siete euros. Es recomendable acercarse hasta el faro y admirar desde allí el impresionante paisaje. Además, se pueden hacer rutas de una, dos o tres horas a pie y las vistas son, simplemente, maravillosas.

Una ciudad plagada de ocio

De vuelta en la ciudad, hacia las siete de la tarde, merece la pena ir a coger sitio a alguno de los restaurantes situados en la céntrica Long Street, una de las calles más concurridas y preferidas por los oriundos de Ciudad del Cabo. Hay restaurantes cubanos, portugueses y, por supuesto, africanos: en ‘Mamá África’, un restaurante que más bien parece un museo, además de cenar se puede disfrutar de música en directo.

Después, el viajero podrá dirigirse a un sinfín de bares de copas, la mayoría con terraza o balcón, en los que, si el viento lo permite, se podrá disfrutar de una larga noche. Casi todos estos locales se encuentran ubicados en antiguas mansiones coloniales creadas por los ingleses, de estilo victoriano, que bien merecen contemplarse a través de un tranquilo paseo

De la playa a la montaña

Otra de las atracciones de la ciudad es, sin ninguna duda, la ‘Table Mountain’, llamada así por su forma de mesa. Es el símbolo de Ciudad del Cabo y lo más aconsejable es intentar subir a ella el primer día de estancia, pues nunca se sabe cómo va a ser el tiempo y es muy posible que, después de dos soleados días, el tercero amanezca con una fuerte neblina que impida la subida.

Se puede acceder a ella a pie, tras una senda de unas cuatro horas, o en teleférico (que cuesta unos 14 euros). Una vez arriba, las vistas de toda la ciudad extendiéndose a lo largo de la playa son impresionantes.

De vinos por Sudáfrica

Por último, y aunque parezca mentira dada la lejanía, los alrededores de Ciudad del Cabo disfrutan de un clima Mediterráneo, lo que ha dado lugar a una tierra de viñedos y a la crianza de los mejores vinos de toda Sudáfrica.

De estos viñedos ha surgido la ‘Wine Route’, un recorrido que atraviesa ciudades como Stellenbosch o Franschhoek, donde el viajero podrá visitar enormes bodegas y realizar excelentes catas -gratuitas o por un módico precio-, a la vez que comer y disfrutar del paisaje.