Pasear por Berlin para no perderse ni un solo detalle requiere de mucho tiempo, una ciudad dividida durante décadas no se puede visitar en un fin de semana. Pero ya sabes, mejor es haber estado que no. Descúbrela.

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Sin embargo, existe en Europa un lugar que a pesar de su historia y su atractivo no es de los destinos preferidos para mucha gente.
La sorpresa llega una vez que aterrizas en la ciudad. La grandiosidad de su historia se mezcla con la de sus edificios, sobrios e inmensos aunque sin demasiada altura, Berlin es capaz de mezclar vanguardia y reconstrucciones de edificios castigados por las guerras de forma perfecta.
Una ciudad varias veces reconstruida
Pasear por Berlin para no perderse ni un solo detalle requiere de mucho tiempo, una ciudad dividida durante décadas no se puede visitar en un fin de semana, especialmente porque debido a la división que provocó el Muro de Berlín, cada una de las antiguas zonas es una ciudad en sí misma.
Los alemanes se siente orgullosos de su ciudad, y son sin duda defensores acérrimos de la democracia, ya que primero sufrieron la tortura del nacional socialismo y posteriormente el del comunismo.
Otra cosa que llama la atención es lo económico que resulta visitar la ciudad. Las cafeterías, los restaurantes, el transporte etc son notablemente más baratos que en España a diferencia de lo que pudiera parecer.
Resulta complicado ubicarse en Berlín, por eso recomendamos activamente que el primer día se contrate a un guía –también resultan muy económicos– que ponga al día de la historia y de las zonas más interesantes que deben visitarse.
Historia reciente
Esto ayudará mucho, ya que durante el resto del viaje se tendrá un conocimiento total de donde se encuentran lo puntos más importantes.
La Puerta de Brandemburgo es el centro neurálgico de la ciudad y puede utilizarse como punto de partida para hacer el recorrido por el resto de Berlin, visitando el Reistach, el monumento en honor a las víctimas del holocausto, una de las partes que quedan en pie del “muro de la vergüenza” que aún queda en pie, junto a lo que fue la sede central de la SS frente a lo que hoy es el Ministerio de Hacienda, el único edificio de construcción nazi que aún queda en pie.
Después caminar por la plaza en la que se realizó la quema de libros por parte de los nazis o visitar el Check Point Charlie, la frontera donde se daba paso a los berlineses de una u otra zona en tiempos del Muro.
En definitiva un lugar que emociona que carga las pilas y que remueve conciencias. Una ciudad que hay que visitar al menos una vez en la vida.